ACERCA DE LA CONVENCION RAMSAR

La Convención sobre los Humedales (Ramsar, Irán, 1971) -- llamada la "Convención de Ramsar" -- es un tratado intergubernamental en el que se consagran los compromisos contraídos por sus países miembros para mantener las características ecológicas de sus Humedales de Importancia Internacional y planificar el "uso racional", o uso sostenible, de todos los humedales situados en sus territorios. A diferencia de las demás convenciones mundiales sobre el medio ambiente, Ramsar no está afiliada al sistema de acuerdos multilaterales sobre el medio ambiente (AMMA) de las Naciones Unidas, pero colabora muy estrechamente con los demás AMMA y es un asociado de pleno derecho entre los tratados y acuerdos del "grupo relacionado con la biodiversidad".

Aprenda más acerca de la Convención de Ramsar sobre los Humedales – qué es en la actualidad; dónde se originó, y por qué; cómo funciona; cuáles son sus países miembros, y por qué se adhirieron esos países.

sábado, 26 de diciembre de 2009

Barcas nuevas en la Albufera




En el entrañable 'portet' de Catarroja, junto al canal que conduce a la Albufera desde poniente y a un paso de Valencia capital, dos artesanos siguen en la vieja tarea de restaurar y construir barcas, los populares 'albuferencs'. Son barcas con poco calado, para no tocar fondo, ya que el lago tiene un máximo de dos metros de hondo, y en muchos lugares menos, pero con lastres bien diseñados en el centro, para asegurar la estabilidad.
Cada uno de estos artesanos, que son amigos, tiene ubicado su centro de operaciones junto a cada uno de los dos restaurantes típicos del 'portet': La Primitiva y Ca Vaina, o Baina, porque de las dos formas rezan sus carteles. Lugares de obligada peregrinación para los amantes de las anguilas en 'all i pebre', locales populare donde prevalece el almuerzo típico a media mañana y los menús diarios a la hora de comer se solapan con las comidas de rito para gourmets que buscan lo que saben que allí es exclusivo.
Miguel Selma, 'El Roig del barquero', y Salvador Casas están renovando poco a poco buena parte del parque de barcas y 'albuferencs' que surcan el lago de la Albufera y sus múltiples canales que lo circunvalan. La demanda de barcas nuevas o de restauración de viejas embarcaciones que llevan años ancladas o varadas en dique seco no viene, como décadas atrás, porque haya revivido la pesca, que fue la gran actividad económica del lago, sino que llega de la mano del ocio en ascenso: del auge de los paseos de recreo por el Parque Natural y de la afición en aumento por la vela latina y toda clase de demostraciones, regatas y habilidades de los tripulantes más o menos diestros en la materia.
Poliéster en vez de brea
A Miguel, 'El Roig del barquero', le pusieron tal apelativo porque es pelirrojo y, por supuesto, porque su oficio es el de hacer y arreglar barcas. Tiene su diminuto astillero detrás de 'La Primitiva', donde ahora ultima un albuferenc para catorce o quince plazas. Se destinará a tareas de paseo, por eso lleva una quilla, aprovechando una vieja y robusta viga de mobila (pino sin sangrar) que antes sujetó el techo de alguna vieja casa, ahora derribada. Miguel explica que hacer una barca así le lleva tres o cuatro meses, y que, a diferencia del 'albuferenc', si es para carga, se llama 'barquetot' y no lleva quilla, pero de estos ya es raro que se hagan o restauren. No quiere desvelar el precio que cobra, pero admite que una barca como la que está terminando viene a costar como un buen coche de segunda mano, más o menos.
La embarcación está vuelta del revés, con la quilla hacia arriba, y Miguel anda recubriendo las juntas y los puntos más vitales con poliéster y fibra de vidrio. Es lo que antes se llamaba 'calafatear', cuando se hacía con brea. Lo de ahora, reconoce «es mucho mejor, más seguro, y prácticamente para siempre; antes había que estar repasando cada poco tiempo».
Salvador, que trabaja junto al otro restaurante del 'portet', Ca Vaina, tiene en común con Miguel su pasado profesional: fueron operarios especialistas en la industria local del mueble. Por eso dicen que «somos ebanistas reciclados», como también lo son quienes arreglan carruajes en la zona. Una constante. La industria encontró buena cantera entres los expertos de actividades manuales anteriores que iban a menos, y ahora que las fábricas de muebles tienen menos pujanza en la comarca, suministran otra vez mano de obra de alto nivel para tareas renacidas al abrigo del Parque Natural de la Albufera que es el más próximo para recrear a la ciudad de Valencia y toda su gran área metropolitana.
Tres clubs de vela
En el canal que lleva al lago desde 'el portet', Juan Antonio Pallarés 'percha' con una pequeña barca que avanza a buen ritmo sobre el agua. Una tradicional forma de navegar por el lago que requiere gran destreza y mucho sentido del equilibrio. Juan Antonio es miembro de la Asociación de Vela Latina 'Els Peixcadors' de Catarroja, cuyo local social está allí mismo, y además organiza paseos en barca para quienes lo solicitan.
En el 'portet' de Catarroja hay dos clubs de vela latina y otro en el de Silla. Es un tipo de vela ancestral, de forma triangular, muy apropiada para manejar pequeñas embarcaciones en aguas tranquilas. Antaño era el modo de moverse los pescadores que faenaban en el lago y en los canales. O perchaban, o remaban, o arriaban la vela. Hoy, las barcas llevan motores diésel, por si acaso, y la vela latina está en alza por pura afición, y unas cosas y otras han puesto en auge la demanda de construcción de nuevas barcas.
La que está terminando Salvador Casas es por encargo de Rafael Puchades, que se dedica, junto a su hijo, a organizar paseos en barca, al igual que Juan Antonio Pallarés, pero en este caso desde el otro lado de la Albufera, porque tienen su base en El Palmar. Entre un punto y otro hay unos 7 kilómetros y el viaje dura cerca de hora y cuarto.
Las maderas más utilizadas por estos barqueros son las de fresno, roble y pino de Suecia. El roble y el fresno vienen bien para curvar los nervios, el armazón que lo sujetará todo, y su oficio les facilita la tarea, porque hace 25 años, lo que ya hacían a diario era precisamente eso, curvar piezas para muebles.
En el club 'dels Peixcadors', Juan Antonio muestra el esqueleto de lo que será un velero hecho a la más vieja usanza. No tendrá motor, sólo se moverá con una vela latina, y si no sopla la brisa, perchando. Allí mismo hay una buena colección de veteranas y poderosas perchas largas, de madera de chopo. En la construcción de la nueva barca del club trabajan varios socios de este, casi todos jubilados de la industria del mueble; algunos destacados tallistas de madera. Y se rigen por viejas plantillas rescatadas de antiguos constructores de 'albuferencs'.
Diésel con tracción trasera
Afuera, con las últimas luces de la tarde nublada, Salvador Casas y Rafael Puchades se afanan en las operaciones de acoplamiento de un motor diésel en la popa de su barca. El mecánico que ha ido ex profeso para cumplimentar la operación, explica, mientras suelda los soportes, que los motores que colocan suelen ser adquiridos en desguaces de coches y que los más apropiados son los de vehículos con tracción trasera, para facilitar la salida recta, desde el cambio de marchas, de la transmisión que moverá la hélice. Los del viejo modelo de furgoneta Vanette son los más buscados, pero ya escasean. Ahora abunda la tracción delantera.

PUES ESO....................
SALUDOS.............GIL

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