ACERCA DE LA CONVENCION RAMSAR

La Convención sobre los Humedales (Ramsar, Irán, 1971) -- llamada la "Convención de Ramsar" -- es un tratado intergubernamental en el que se consagran los compromisos contraídos por sus países miembros para mantener las características ecológicas de sus Humedales de Importancia Internacional y planificar el "uso racional", o uso sostenible, de todos los humedales situados en sus territorios. A diferencia de las demás convenciones mundiales sobre el medio ambiente, Ramsar no está afiliada al sistema de acuerdos multilaterales sobre el medio ambiente (AMMA) de las Naciones Unidas, pero colabora muy estrechamente con los demás AMMA y es un asociado de pleno derecho entre los tratados y acuerdos del "grupo relacionado con la biodiversidad".

Aprenda más acerca de la Convención de Ramsar sobre los Humedales – qué es en la actualidad; dónde se originó, y por qué; cómo funciona; cuáles son sus países miembros, y por qué se adhirieron esos países.

domingo, 8 de febrero de 2009

ALGO SOBRE LA BARRACA VALENCIANA

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La Barraca Valenciana es, junto con la paella, lo mas representativo de nuestra comunidad. Desde la huerta de Alboraya a la Albufera, las pocas "barraquetes" que nos quedan, intentan sobrevivir a este enorme afán especulativo en que todo es valido por un puñado de €uros. Vergüenza. Las barracas, básicamente, son construcciones pequeñas, con tejado de paja a dos aguas y en las que vivía toda la familia en dos dormitorios. Entre ellos hay un espacio dedicado a la cocina (solamente en invierno, en verano se guisaba fuera).
Una pequeña mesa y unas sillas terminaban los escasos enseres de la "barraca".
Es de destacar la novela "La Barraca" de Vicente Blasco Ibáñez. Una puerta principal y detrás otra que daría al corral, aparte de las ventanas que se pudieran hacer, terminaría la planta baja en la barraca. Con una escalera de madera se sube a la "l'andana" que sirve de trastero y de secadero para algunas cosechas.
No conocemos si existe alguna organización para salvar la Barraca Valenciana, si la hay nos gustaría anunciarla y si no la hay, animamos a crearla y nosotros, desde luego, la promocionaríamos en la medida de nuestras posibilidades.
La barraca de la huerta responde a un tipo muy definido, que apenas ha sufrido variación con el paso del tiempo. Es de planta rectangular, de unos 9 x 5,50 m, y cubierta a dos aguas con caballete perpendicular a la fachada —casi siempre orientada al mediodía—, que está en uno de los lados menores. La distribución es siempre parecida: una puerta, situada a un lado de la fachada, da acceso a un amplio paso, que recorre toda la longitud de la barraca y termina con otra puerta en la fachada opuesta, para facilitar la circulación de aire. Este corredor sirve de cocina, estancia y almacén de aperos. En la otra crujía se distribuyen los dormitorios, generalmente tres. Al desván o andana, que antiguamente se destinaba a la cría de gusanos de seda, se sube por una escalera de mano.
La construcción se efectúa del modo siguiente: la zanja para los cimientos, de 40 cm de anchura, se rellena con adobes y, si se tienen a mano, con cascotes.
Las paredes, de unos 2,50 m de altura, se hacen con adobes, llamados gasons, que se colocan en asta entera o en media asta, según la economía que se persiga.
Estas paredes se coronan con un tablón de plano (cadorsa), al que se clavan los pares de la cubierta de parhilera, separados de 1 a 2 m.
Los tirantes se empalman sobre el tabique central. Sobre los pares (costelles) se clavan los cañizos que forman el faldón, a los que se sujetan—desde el alero hasta la cumbrera—los haces de paja o de juncos con que se teje la cubierta (polsera).
Sobre los tirantes se disponen unos cañizos para formar el cielo raso horizontal, suelo de la andana, sobre el que se circula mediante unos pasos de tablas (costers).
Se contruye sobre un plano aproximado de unos 9×5 metros. Era habitual que se construyera con la fachada y su puerta principal mirando al sur. El tejado era a dos aguas, con una notable inclinación, para un fácil y rápido desagüe durante las lluvias. En su fachada principal se encontraba la puerta de acceso y una ventana, cada una de ellas a un lado. En la parte superior podía existir un ventanuco para ventilación de la planta superior. En lo alto del tejado, a los frentes, se colocaban cruces de madera.
Las paredes se construían de adobe, rematado con tablas de madera, donde se clavaban las costillas para sujetar el tejado. A estas costillas se le unían grupos de cañizo o juncos. Posteriormente se cubría con paja trenzada. La zona alta del tejado solía recubrirse con paja o cañas junto con barro.
El interior estaba dividido por un muro perpendicular a su fachada principal.
Al atravesar la entrada nos encontrábamos con un largo pasillo, de una anchura aproximada de algo menos de la mitad de su fachada, que daba a otra puerta trasera.
En esta zona se encontraba tanto la cocina como una zona de almacenaje de aperos de labranza o de pesca, según el trabajo de sus propietarios.
En la otra mitad de la planta se podían encontrar las habitaciones (dos o tres) y una zona de comedor, y tal vez alguna alacena. La altura de la planta inferior ronda los 2 ó 2,5 metros. La zona superior se utilizaba como almacén o “andana”, y se tenia acceso a ella por medio de una escalera de mano.
En el exterior de cada barraca, solía encontrarse un pozo, con su polea y cuerda. En muchas ocasiones tenían una especie de porche que se cubría con un emparrado.

También en ocasiones, un típico horno circular de leña y una pequeña cocina techada, o paellero, habitual en la actualidad incluso en chalets o casas de campo.


En las barracas de la huerta, también era habitual encontrarse con las construcciones típicas de almacenaje, las “seberes” (algo así como “cebolleras”), pequeñas barracas con paredes de listones y tejado de tejas o cañizo, en las que se almacenaban y secaban cebollas…

SALUDOS GIL

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